jueves, 12 de marzo de 2009

Reflexiones nocturnas

Debe ser que cuando él duerme a mi se me despiertan las letras, las palabras y los significados, debe ser, porque es lindo verlo dormir e inventar cómo sus sueños lo invaden lentamente, y salta un poco de a ratos, cómo si cayera definitivamente sobre un vacío onírico irremediable y el impacto lo mueve, mientras yo me conmuevo mirándolo soñar.
El silencio es mágico a esa hora, y la luz de la ventana es justa, porque deja ver, solo lo que es importante ver, el tren armoniza el momento, lejano y presente, miro sus ojos cerrados, estables y pienso que me dormiré pronto y me despertare sin él al lado, otra vez. Y por eso me encanta dejar que mis letras vuelen a estas horas, cuando nadie espera nada de mi, cuando él no me ve, porque duerme y piensa que yo hago lo mismo a su lado, pero no, porque necesito mirarlo un poco y respirarlo también, para asegurarme de que existe, de que existimos, esta vez, igual que las otras, pero es esta vez, diferente, nuestra.
Las palabras se enredan en mis manos cuando se despierta y las atan a los deberes, a las tareas, las palabras son represoras cuando el sol del día aparece y me marcan todas las limitaciones existentes. Y es por eso que me acostumbre a no dormir durante las madrugadas, porque ellas vienen y me pintan un poco la vida diurna de colores pastosos, después duermo tranquila y los sueños se liberan para siempre, con él mirándome mientras se viste para salir al trabajo y apagar el despertador que marca las 5:30 am.