Estoy en medio de una terrible constipación literaria, una asquerosa presión interna que no me deja estar tranquila, patología, otra más de esas que se chupa todo, que se queda con toda el agua que una con esfuerzo conserva, para las malas épocas. Las letras y las palabras atadas a un profundo hoyo oscuro, un laberinto de fonemas, de grafismos insignificantes, sin armonía, ni deseo.
Y el recuerdo, la añoranza de las épocas en las que el liquido andaba feliz por el cuerpo revuelto, revelado y una tenia que esconderse para que las letras no rodaran por los platos ajenos, no se lanzaran al peligro absoluto de ser descubiertas, listas, armoniosas y dedicadamente preparadas, perfectas para ser mostradas, exhibidas y libres. Que nostalgia la de la evacuación emocional intensa después de una buena panzada: un guiso o una gran sopa de letras de las que hacían magias adentro de una, acomodándose, y enamorándose entre ellas diciéndose cosas lindas, maravillosas canciones, cuentos felices y terribles, cuentos. Ahora, mis pobres letras, atrapadas en el laberinto corporal, no saben que el pánico las tiene cautivas, no entienden que los laberintos hay que transitarlos para que sean una experiencia , no, ahí están, perdidas en las encrucijadas, en las mismas insignificantes bifurcaciones de siempre, inútiles, repensando las cosas que ya están decididas, revisando libros que nada nuevo tiene para decirnos. Nuestras luchas internas, nuestras secreciones escasas porque estamos en los tiempos duros cuando escasea el alma sensible y libre de torpezas.
Me concentro, porque a veces se desparraman por todo mi cuerpo y sin que yo me de cuenta, algunas letras se suicidan en las tardes tristes, porque no soportan el miedo de no poder decir nada de lo que quieren decir. La H, que siempre tuvo problemas de autoestima, entro en una profunda crisis hoy y yo la atiendo ahora evitando que se vaya ella también, intento consolarla, convencerla de existen salidas, que solo es cuestión de buscarlas con mas dedicación, con mas energías. Le cebo mates con limón para distraerla, pare distraerme yo también y ver si el líquido verde nos hidrata las ideas.
viernes, 23 de octubre de 2009
viernes, 17 de abril de 2009
.....deseo........mmmm
Era increíble que existiera en esos días, era increíble que eligiera estar al lado mío. Una fugaz tormenta de verano, refrescante y justa, sobretodo justa, ajustada al tiempo y las coyunturas.
El encuentro fue mucho más que una casualidad, porque fue mucho más que las otras cosas que me pasaron antes, fue un espacio sin tiempo, sin temperaturas.
Primero el restaurante, la comida tibia y mala, las conversaciones protocolares y el agua de limón, no podía evitar detenerme en ella, porque necesitaba un poco de su agua, de su tormenta inmediata y determínate. Hablamos divertido, porque el restaurante la amaba, mientras metía sus pelos dentro del plato y los llenaba de comida sin darse cuenta, después se limpiaba sin timidez y reía de su torpeza. Yo no dejaba de mirarla, aunque siempre supe que era una imagen limitada la que tendría de ella; Aunque siempre supe que nunca llegaría a entender que había atrás de agua que parecía un espejo cristalino donde reflejarme un rato, hasta que misteriosamente perdiera los ojos en esa agua tormentosa e imposible.
Salimos y compartimos un taxi, el primero y quise que la tarde no terminara jamás, afortunadamente o no, la noche fue más linda todavía y el rocío de su agua me toco los ojos y me dejo un poco ciego de sentimentalidad para siempre.
Esa noche dormimos por primera vez en una misma habitación, ella en una cama enorme y yo en un sofá incomodo, pero nunca antes dormí tan pleno, tan seguro y tranquilo cómo esa primera noche. Mientras se dormía la pude ver cómo se desintegraba en su sueño de madrugada templada, observe la forma en la que su piel se mimetizaba con las sábanas y se hacían una, ella y su cama, su cama y ella, flotando, solas y sin mí, volando cerca y zumbándome en el oído. Al final me quede dormido yo también, lejos, pero muy cerca. Me despertó su voz, nombrándome dos o tres veces seguidas
- martín, martín!. Abrí despacio el ojo derecho y levante la ceja,
- buen día- dijo la descarada y yo no sabía si besarla o llorar desesperadamente porque fue ese el segundo en el que me enamore irremediablemente, indispensablemente de toda su extrañeza.
Despertarme para decirme "buen día". Despertarme, sabiendo que ella estaba recibiéndome esa mañana, una de las poquísimas mañanas de nuestras vidas. -Buenos días- dijo, y el día no podría haber sido más maravilloso que ese augurio matutino.
El encuentro fue mucho más que una casualidad, porque fue mucho más que las otras cosas que me pasaron antes, fue un espacio sin tiempo, sin temperaturas.
Primero el restaurante, la comida tibia y mala, las conversaciones protocolares y el agua de limón, no podía evitar detenerme en ella, porque necesitaba un poco de su agua, de su tormenta inmediata y determínate. Hablamos divertido, porque el restaurante la amaba, mientras metía sus pelos dentro del plato y los llenaba de comida sin darse cuenta, después se limpiaba sin timidez y reía de su torpeza. Yo no dejaba de mirarla, aunque siempre supe que era una imagen limitada la que tendría de ella; Aunque siempre supe que nunca llegaría a entender que había atrás de agua que parecía un espejo cristalino donde reflejarme un rato, hasta que misteriosamente perdiera los ojos en esa agua tormentosa e imposible.
Salimos y compartimos un taxi, el primero y quise que la tarde no terminara jamás, afortunadamente o no, la noche fue más linda todavía y el rocío de su agua me toco los ojos y me dejo un poco ciego de sentimentalidad para siempre.
Esa noche dormimos por primera vez en una misma habitación, ella en una cama enorme y yo en un sofá incomodo, pero nunca antes dormí tan pleno, tan seguro y tranquilo cómo esa primera noche. Mientras se dormía la pude ver cómo se desintegraba en su sueño de madrugada templada, observe la forma en la que su piel se mimetizaba con las sábanas y se hacían una, ella y su cama, su cama y ella, flotando, solas y sin mí, volando cerca y zumbándome en el oído. Al final me quede dormido yo también, lejos, pero muy cerca. Me despertó su voz, nombrándome dos o tres veces seguidas
- martín, martín!. Abrí despacio el ojo derecho y levante la ceja,
- buen día- dijo la descarada y yo no sabía si besarla o llorar desesperadamente porque fue ese el segundo en el que me enamore irremediablemente, indispensablemente de toda su extrañeza.
Despertarme para decirme "buen día". Despertarme, sabiendo que ella estaba recibiéndome esa mañana, una de las poquísimas mañanas de nuestras vidas. -Buenos días- dijo, y el día no podría haber sido más maravilloso que ese augurio matutino.
jueves, 12 de marzo de 2009
Reflexiones nocturnas
Debe ser que cuando él duerme a mi se me despiertan las letras, las palabras y los significados, debe ser, porque es lindo verlo dormir e inventar cómo sus sueños lo invaden lentamente, y salta un poco de a ratos, cómo si cayera definitivamente sobre un vacío onírico irremediable y el impacto lo mueve, mientras yo me conmuevo mirándolo soñar.
El silencio es mágico a esa hora, y la luz de la ventana es justa, porque deja ver, solo lo que es importante ver, el tren armoniza el momento, lejano y presente, miro sus ojos cerrados, estables y pienso que me dormiré pronto y me despertare sin él al lado, otra vez. Y por eso me encanta dejar que mis letras vuelen a estas horas, cuando nadie espera nada de mi, cuando él no me ve, porque duerme y piensa que yo hago lo mismo a su lado, pero no, porque necesito mirarlo un poco y respirarlo también, para asegurarme de que existe, de que existimos, esta vez, igual que las otras, pero es esta vez, diferente, nuestra.
Las palabras se enredan en mis manos cuando se despierta y las atan a los deberes, a las tareas, las palabras son represoras cuando el sol del día aparece y me marcan todas las limitaciones existentes. Y es por eso que me acostumbre a no dormir durante las madrugadas, porque ellas vienen y me pintan un poco la vida diurna de colores pastosos, después duermo tranquila y los sueños se liberan para siempre, con él mirándome mientras se viste para salir al trabajo y apagar el despertador que marca las 5:30 am.
El silencio es mágico a esa hora, y la luz de la ventana es justa, porque deja ver, solo lo que es importante ver, el tren armoniza el momento, lejano y presente, miro sus ojos cerrados, estables y pienso que me dormiré pronto y me despertare sin él al lado, otra vez. Y por eso me encanta dejar que mis letras vuelen a estas horas, cuando nadie espera nada de mi, cuando él no me ve, porque duerme y piensa que yo hago lo mismo a su lado, pero no, porque necesito mirarlo un poco y respirarlo también, para asegurarme de que existe, de que existimos, esta vez, igual que las otras, pero es esta vez, diferente, nuestra.
Las palabras se enredan en mis manos cuando se despierta y las atan a los deberes, a las tareas, las palabras son represoras cuando el sol del día aparece y me marcan todas las limitaciones existentes. Y es por eso que me acostumbre a no dormir durante las madrugadas, porque ellas vienen y me pintan un poco la vida diurna de colores pastosos, después duermo tranquila y los sueños se liberan para siempre, con él mirándome mientras se viste para salir al trabajo y apagar el despertador que marca las 5:30 am.
jueves, 12 de febrero de 2009
Mañana de sol
Ver tus ojos abrirse lento en la mañana, la felicidad de verte en la metamorfosis que te trae del sueño al desvelo matutino, la felicidad ínfima y cotidiana de que me acerques a tu cuerpo para mirar atenta el amanecer oscuro de tus inmensos ojos.
Ya sabes cuanto me gusta mirarte, cuánto me gustan tus ojos que hablan de mil maneras, lo que nunca te dije es que registro sus formas y sus procedimientos, cómo si fuesen objeto de un documental, para saber exactamente que me están diciendo cuando vos no hablas, cuando tus silencios, eternos, se instalan entre nosotros.
Y tus ojos y yo construimos lenguajes mientras dormís y parece que están mirando para adentro, pero la verdad es que me miran a mí, todo el tiempo, me buscan, me controlan, me aman, me odian y me curan.
Y a veces me da pena no haber asumido antes la felicidad que me da mirarte de frente y ver esos ojos exageradamente rodeados de pestañas. Es que creo que la felicidad, es más difícil asumirla que vivirla y vos sabes lo que me cuesta a mí vivir estas cosas sin culpa, lo egoísta que me siento cuando el placer me hace ser transparente y sencilla.
Y ahora dormís mientras yo escribo, afuera hay mucho sol y te miro desde acá porque abrirás los ojos en un rato y yo deseo mirarte profundo, más que nunca, para que mis felicidades matutinas sigan en este inocente secreto, entre tus ojos, vos y yo, que somos los únicos que sabemos cómo se vive esto.
Después te levantas con una terrible cara de perro y por eso discutimos a veces, pero es solo un simulacro cotidiano para salir al mundo, porque no todo es feliz cómo tu despertar allá afuera y uno no puede andar por ahí siendo feliz delante de cualquiera.
Me besas la frente de camino a baño, silencio, la pava en el fuego, dos o tres palabras para compartir el desayuno. Después, inmediatamente después, comienza la música la tuya o la que adoptas, por el placer que te da saber que otros quieran hacer magia, cómo haces vos. Las notas son homeopáticas para iniciar tu día y mientras avanza el disco, asumís, lenta, muy lentamente que ya estas despierto y que de alguna manera estas acá en frente mío, que te hablo y hablo. En un rato comenzara el día, ahora solos los ojos, vos y yo, tomamos té mientras suenan tus melodías.
Ya sabes cuanto me gusta mirarte, cuánto me gustan tus ojos que hablan de mil maneras, lo que nunca te dije es que registro sus formas y sus procedimientos, cómo si fuesen objeto de un documental, para saber exactamente que me están diciendo cuando vos no hablas, cuando tus silencios, eternos, se instalan entre nosotros.
Y tus ojos y yo construimos lenguajes mientras dormís y parece que están mirando para adentro, pero la verdad es que me miran a mí, todo el tiempo, me buscan, me controlan, me aman, me odian y me curan.
Y a veces me da pena no haber asumido antes la felicidad que me da mirarte de frente y ver esos ojos exageradamente rodeados de pestañas. Es que creo que la felicidad, es más difícil asumirla que vivirla y vos sabes lo que me cuesta a mí vivir estas cosas sin culpa, lo egoísta que me siento cuando el placer me hace ser transparente y sencilla.
Y ahora dormís mientras yo escribo, afuera hay mucho sol y te miro desde acá porque abrirás los ojos en un rato y yo deseo mirarte profundo, más que nunca, para que mis felicidades matutinas sigan en este inocente secreto, entre tus ojos, vos y yo, que somos los únicos que sabemos cómo se vive esto.
Después te levantas con una terrible cara de perro y por eso discutimos a veces, pero es solo un simulacro cotidiano para salir al mundo, porque no todo es feliz cómo tu despertar allá afuera y uno no puede andar por ahí siendo feliz delante de cualquiera.
Me besas la frente de camino a baño, silencio, la pava en el fuego, dos o tres palabras para compartir el desayuno. Después, inmediatamente después, comienza la música la tuya o la que adoptas, por el placer que te da saber que otros quieran hacer magia, cómo haces vos. Las notas son homeopáticas para iniciar tu día y mientras avanza el disco, asumís, lenta, muy lentamente que ya estas despierto y que de alguna manera estas acá en frente mío, que te hablo y hablo. En un rato comenzara el día, ahora solos los ojos, vos y yo, tomamos té mientras suenan tus melodías.
jueves, 15 de enero de 2009
Inicios...
Este despertar fue de una infinita tristeza, deben ser los duelos, que todavía siguen pendientes, derritiéndose lentamente, convirtiéndose en este río frío que cae por la montaña, más alta, más inaccesible del mundo, porque es mía y así son mis naturalezas cuando me despierto triste.
Y a pesar que los dolores del cuerpo han partido definitivamente, deben ser mis otros yo, los que quedaron heridos, llenos de dolencias nocturnas y eternas. Me despierto más silenciosa y sana que nunca y se que eso te sorprende, porque me lo preguntas mientras el sol del comedor me señala por donde seguir leyendo hoy.
Es un despertar largo, muy largo, de pavas largas, de sueños largos, de textos largos, leo con dedicación, te leo, cada vez, en cada letra.
El siguiente mate es para despertarte porque necesito de tus curaciones finales para comenzar bien el día que se demora muchísimo hoy, y vos lento y delicado acaricias mi cabeza y yo dejo de pensar un rato para acostarme sobre tus piernas y ser infinitamente feliz con tus manos en mi cabeza o con mi cabeza entre tus manos, donde no hay nada que pueda dañarla.
Y el cuerpo se parte en dos mitades inevitables después, porque deseo ser mi cabeza entre tus manos para siempre, pero hay que soltarse un poco y recibir este día.
Pones la música más triste, justo hoy que estoy comenzando a curarme, y también tu guitarra suena, con una armonía única, yo solo escucho porque ya no puedo hacer música, escucho y escribo para liberarme y atarme a tus manos sanadoras que ahora tocan las cuerdas tensas de esa criolla fuerte, omnipotente y omnipresente para nosotros. Y los inmensos celos que me produce a veces que tus manos pasen horas sobre ella, y el inmenso placer de compartirte tan bien siempre, tan autentico. Entre el jazz, la virtuosidad y la sanación, cómo un dios ateo, para mí que soy hereje y te amo profundamente, aunque tambien me aburra del ateismo.
Mi niño violeta, porque definitivamente ese es tu último color, mío, mi cuidador, sanador, otra vez, hay que partir para no creer completa y ciegamente que esta cama es la única vida. Otra vez hay que resignarse un poco, y esta mañana ha sido larga y no termina, porque la recuperación es larga, y aquí estamos, aquí y ahora, con manos y cabezas para volver aprender cómo se hace para sobrevivir con ellas.
Y a pesar que los dolores del cuerpo han partido definitivamente, deben ser mis otros yo, los que quedaron heridos, llenos de dolencias nocturnas y eternas. Me despierto más silenciosa y sana que nunca y se que eso te sorprende, porque me lo preguntas mientras el sol del comedor me señala por donde seguir leyendo hoy.
Es un despertar largo, muy largo, de pavas largas, de sueños largos, de textos largos, leo con dedicación, te leo, cada vez, en cada letra.
El siguiente mate es para despertarte porque necesito de tus curaciones finales para comenzar bien el día que se demora muchísimo hoy, y vos lento y delicado acaricias mi cabeza y yo dejo de pensar un rato para acostarme sobre tus piernas y ser infinitamente feliz con tus manos en mi cabeza o con mi cabeza entre tus manos, donde no hay nada que pueda dañarla.
Y el cuerpo se parte en dos mitades inevitables después, porque deseo ser mi cabeza entre tus manos para siempre, pero hay que soltarse un poco y recibir este día.
Pones la música más triste, justo hoy que estoy comenzando a curarme, y también tu guitarra suena, con una armonía única, yo solo escucho porque ya no puedo hacer música, escucho y escribo para liberarme y atarme a tus manos sanadoras que ahora tocan las cuerdas tensas de esa criolla fuerte, omnipotente y omnipresente para nosotros. Y los inmensos celos que me produce a veces que tus manos pasen horas sobre ella, y el inmenso placer de compartirte tan bien siempre, tan autentico. Entre el jazz, la virtuosidad y la sanación, cómo un dios ateo, para mí que soy hereje y te amo profundamente, aunque tambien me aburra del ateismo.
Mi niño violeta, porque definitivamente ese es tu último color, mío, mi cuidador, sanador, otra vez, hay que partir para no creer completa y ciegamente que esta cama es la única vida. Otra vez hay que resignarse un poco, y esta mañana ha sido larga y no termina, porque la recuperación es larga, y aquí estamos, aquí y ahora, con manos y cabezas para volver aprender cómo se hace para sobrevivir con ellas.
martes, 23 de diciembre de 2008
Domingo
A cholo y a todos mis duelos internos, externos, materiales y simbólicos….
Llueve, las gotas pesadas y lentas acomodan la tierra revuelta de las tumbas. La ventana gris la conecta momentáneamente al mundo, el pasto amarillo es una copia vulgar de los otoños pasados.
En sus oídos, los tiros, y el jinete inexperto que en el horizonte llora. No debería irse, piensa, no deberían tantas cosas. Se escucha su quejido suave en la madrugada, ese llanto infinito color violeta. El tren que interrumpe impune el lagrimal acorralado por el alcohol y la poesía, la luz tenue y la sinceridad amiga que enamoran el aire.
En la ventana asoman las tumbas de los recuerdos fríos, de las hojas secas de las veredas de Almagro, donde cagan perros y duermen humanos.
En la ventana, ella respira a veces, la maceta a su costado crea flores que serán cortadas y acomodadas junto a los demás muertos, a los que se caen con los llantos desbordantes de tres de la mañana.
En el horizonte, la imagen, la lluvia, y él, que cree haber matado todo. De este lado, ella cuida, obsesivamente, las tumbas mártires de los deseos fusilados, de donde ahora brotan luces llenas de cuentos y poemas; y un gorrión que se escapo de la pintura fresca, hizo un nido entre sus rulos, ella cuida sus vidas y sueña.
Digestión
Tengo un cuento en la cabeza y oraciones en la lengua.
Letras atadas a mis orejas, historias entre las uñas, películas guardadas en mi ombligo.
Hablo cuentos, des- cuento, cuento: días, noches, luces y hormigas que caminan por el borde de este banco de barranco, donde veo el pacifico.
Cuento, invento, sueño, después todo se sirve con cerveza y limón.
Cuando llegan letras que se comen con cerezas, preparamos pisco, y muchos rojos para mezclar con violetas.
En la sobremesa, frasquitos con gotas de paz homeopáticas para digerir bien las letras.
Letras atadas a mis orejas, historias entre las uñas, películas guardadas en mi ombligo.
Hablo cuentos, des- cuento, cuento: días, noches, luces y hormigas que caminan por el borde de este banco de barranco, donde veo el pacifico.
Cuento, invento, sueño, después todo se sirve con cerveza y limón.
Cuando llegan letras que se comen con cerezas, preparamos pisco, y muchos rojos para mezclar con violetas.
En la sobremesa, frasquitos con gotas de paz homeopáticas para digerir bien las letras.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
